Durante 170 años, la mayor parte de lo que sabemos sobre el insecto más grande que jamás haya existido en la Tierra provino de cajas desechadas sin cabeza y con demasiadas patas. Sin embargo, fósiles bien conservados encontrados en Francia han revelado detalles fascinantes sobre la cabeza de estos gigantes surrealistas, permitiendo que un equipo internacional de investigadores indique su ubicación en el árbol de la vida.
«Descubrimos que tenía cuerpo de ciempiés, pero cabeza de ciempiés», explica Mickaël Lheritier, paleontólogo de la Universidad Claude Bernard Lyon.
Este descubrimiento se refiere al artropleura, un insecto gigante que se arrastraba por los bosques ecuatoriales durante el período Carbonífero, hasta hace 346 millones de años. Este insecto pertenece a un grupo de especies, colocándolo como un ancestro de los actuales ciempiés y ciempiés.
Los investigadores analizaron cabezas pertenecientes a dos criaturas juveniles que medían solo unos 3 cm (1 pulgada) de largo. En el Carbonífero, los niveles de oxígeno eran considerablemente más altos que los actuales, lo que facilitaba el crecimiento de artrópodos gigantes como libélulas y escorpiones marinos.
El artropleura no es una excepción; algunas especies alcanzaban hasta 2,6 metros de largo (8,5 pies), similar a la longitud de un automóvil pequeño, haciéndolos candidatos para ser considerados como el insecto más grande conocido de la historia. Seguidos de cerca por los escorpiones marinos, que pueden medir hasta 2,5 metros.

Desde el Carbonífero, los niveles de oxígeno han disminuido del 35% al 21% actual, lo que limita el tamaño de los artrópodos actuales, que incluyen insectos, arañas y cangrejos, debido a su método de respiración.
Como resultado, el artropleura dejó huellas distintivas y exoesqueletos en lo que hoy es América del Norte y Europa. Descubierto por primera vez en 1854, su relación con otras especies ha estado envuelta en confusión, incluso considerando un vínculo con los crustáceos.
La tecnología moderna, como exploraciones micro-CT, ha permitido revelar detalles ocultos en los fósiles sin dañarlos. Como los ciempiés, artropleura exhibe antenas de siete segmentos y piezas bucales que sugieren una alimentación detritívora, a pesar de su imponente tamaño.
Los investigadores sostienen que, considerando el modelo de la cabeza y otros avances, artropleura eran inofensivos recicladores de materia orgánica muerta. Esta fascinante investigación se publicó recientemente en Avances científicos.
Este hallazgo no solo refresca nuestro conocimiento del pasado paleontológico, sino que también abre nuevas vías para entender la relación entre las especies de hoy. Así, la historia del artropleura continúa, mientras la ciencia avanza en su búsqueda de respuestas en nuestro planeta.